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Estamos asistiendo a un nuevo episodio de crisis sistemática.

La anterior tuvo su origen en la burbuja inmobiliaria.

La caja de los truenos la puso Lehman Brothers. El sector inmobiliario arrastró al sector financiero y éste tuvo que ser asistido vía presupuestos por la política monetaria y fiscal de los Estados.

Ahora la variable exógena es una pandemia sumada a una infodemia y ambas están obligando a reaccionar a los Estados para volver a taponar la hemorragia.

El Estado español, vuelve a dar síntomas de lentitud a la hora de abordar el torniquete. Ya sucedió con el “plan E”, no sólo no alcanzó a ver la profundidad de la crisis, sino que además tomó como medida estrella para apuntalarla “hacer frontones en pueblos sin niños”.

Tenemos una magnífica oportunidad, ya sabemos el viejo proverbio chino: "En tiempos borrascosos, unos construyen refugios y otros molinos". Dedicar el dinero de la crisis a construir refugios o a preparar los “molinos de la AI” a fortalecer nuestras empresas.

Ahora se debería estar legislando de urgencia, vía Reales Decretos Legislativos, cómo sostener el tejido empresarial, cosa que no está sucediendo.

En ausencia de dichas medidas (e incluso además de las que pudieran adoptarse) tenemos la mejor receta ante estas situaciones: la Ley Concursal.

Ante el coronavirus, y sus efectos, las mejores respuestas nos la da la Ley Concursal.

¿Qué ofrece la Ley Concursal ante la insolvencia sobrevenida de muchas empresas (insolvencia manifestada en la imposibilidad de atender regularmente sus pagos)?

Ofrece un primer escudo protector que impide que ante el impago, los acreedores puedan embargar los bienes de la empresa insolvente.

Este primer escudo llamado preconcurso es una medida barata; no implica que la empresa quede intervenida y tiene una duración de al menos 4 meses.

Eso significa que si el virus desaparece con el estío (según parece es enemigo de las altas temperaturas), para entonces, cuando se haya retomado la senda de la normalidad, se pueda alcanzar acuerdos con los acreedores insatisfechos.

En definitiva, si su empresa sufre el contagio del coronavirus, póngala en la UVI del preconcurso de acreedores. Así impedirá, al menos temporalmente, que tenga que echar al cierre definitivo.