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Sucede con frecuencia, que el administrador societario cuando ve que su empresa ha cerrado sus puertas a través de un concurso fortuito, queda relajado pensando que ningún enemigo otea el horizonte.

Ese pensamiento deviene de la idea de que el concurso, es el proceso donde están llamados todos los acreedores de la empresa, y si se tratase de un concurso fortuito, no cabría pensar que el administrador societario debiera responder de las deudas societarias (sin excepción).

Esas afirmaciones en principio ciertas, ocultan una realidad subyacente: la posible responsabilidad tributaria exigible al administrador societario.

Dicho de otro modo, el hecho de que, en sede concursal, el concurso de la empresa haya llevado a la conclusión de que el administrador no generó ni agravó dolosamente la insolvencia de la misma, no excluye otro tipo de responsabilidad, exigible a dicho administrador (u órgano de administración).

La Ley General Tributaria establece determinados regímenes de responsabilidad subsidiaria de los administradores societarios.

Ello implica que una vez que se compruebe que las deudas tributarias no han sido satisfechas en el concurso de la sociedad, la Administración Tributaria puede hacerlas exigibles a los administradores infractores.

Sucede con frecuencia que cuando se llega a los umbrales del concurso, la sociedad ha cometido varias infracciones tributarias, que se suman a otros incumplimientos. 

Pues bien, cuando se archiva el concurso y por tanto, cuando se comprueba que en todo o en parte de la deuda tributaria no ha sido atendida, la Agencia Tributaria deriva la deuda insatisfecha al administrador infractor.

Alguien se preguntará cómo evitar esas derivaciones. 

La respuesta más sencilla consiste en no haber cometido infracciones.

Conviene recordar que, si una empresa no puede atender sus impuestos, pero los declara correctamente, NO SE PRODUCE INFRACCIÓN (por muy elevada que sea la cuota dejada de ingresar). A sensu contrario, si se declaran incorrectamente las autoliquidaciones tributarias y Hacienda detecta la infracción, entonces sí existe infracción, de la que pueda terminar siendo responsable el administrador societario. 

Moraleja: Autoliquide correctamente sus declaraciones (aunque no pueda pagarlas). Sólo así evitará la derivación de responsabilidad tributaria, y por favor, “no eche el toldo” de forma desordenada a su empresa. De así hacerlo. estará llamado a que Hacienda llame a su puerta.

 



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