• C/ Orellana, 12 - 28004 Madrid
  • De lunes a jueves: 09.00 - 19.00h; Viernes: 09:00 - 1400h

La Mediación en materia Concursal

Si nos paramos a observar el panorama judicial en España llegaremos a la conclusión de que parece que nuestra conciencia no se desarrolla por cauces pacíficos; más bien da entender que queremos judicializar la misma. Si focalizamos en el ámbito concursal, las conclusiones podrían ser: el proceso concursal es largo, costoso e insatisfactorio.

Largo, ya que dura al menos uno o dos años. Costoso, ya que el número de actores intervinientes puede ser cuantioso; a saber, abogados de acreedores, abogado de la concursada, procuradores de unos y otros, administradores concursales, etc. Y tampoco satisface al acreedor ordinario, que casi siempre se queda sin cobrar, ni siquiera parcialmente, su crédito.

Visto este panorama, alguien se preguntará: ¿no hay otro camino más corto, menos costoso y que satisfaga, al menos parcialmente, el interés de los acreedores ordinarios? Pues bien, ese otro camino es la mediación.

Mediar significa intentar solucionar controversias entre dos o más partes en materias sobre las que quepa llegar a este tipo de acuerdos, entre las que sí incluye la materia concursal.

La materia concursal cuenta con bastantes escenarios donde cabe el mediador; en algunos casos para evitar el proceso concursal (extramuros del concurso), y en otros dentro del propio proceso (intramuros del concurso).

Así cabrá la mediación en el preconcurso para alcanzar acuerdos que remuevan la insolvencia. Cabrán igualmente intramuros en los incidentes, en la aprobación del convenio, o en el plan de liquidación.

Más compleja es la materia de la calificación, pues en ella se ventilan cuestiones como la inhabilitación para representar intereses ajenos, que podría no ser disponible por las partes.

El mediador debe ser una persona formada, con conocimientos profundos del derecho concursal. Pero no deben quedarse ahí las virtudes de un mediador exitoso. Para ello, deberá ostentar dotes de negociación y comunicación (habilidades que pueden ser innatas pero también adquiridas a través de cursos prácticos), y debe además de imparcial, ser discreto.

No olvidemos que el estigma del concurso hace que si aflora a terceros no afectados dicha situación, se podrían perjudicar los posibles acuerdos.

Tampoco conviene olvidar que las partes que se sientan libres y voluntariamente a una mediación, pueden desvincularse en cualquier momento de la misma sin argumentar ningún tipo de justa causa. Por ello cobra relevancia la figura de un mediador concursal que haga ver a las partes no solo las ventajas de posibles acuerdos, sino la desventaja clara de no llegar a pacto alguno.

Por lo expuesto, abogo decididamente por la figura del mediador concursal. Si esta figura ya funciona en otros países, especialmente en los anglosajones, ¿por qué no intentarlo en el nuestro? Al fin y al cabo, ¿qué perdemos?

El proceso concursal conlleva a lo ya indicado: procesos largos, costosos e insatisfactorios para los intereses de los acreedores ordinarios.

Qué conste pues mi voto pro-mediación.

LEAVE A COMMENT

Your email address will not be published.

LATEST POSTS
MOST POPULAR
TEXT WIDGET

What makes Cleanmate trusted above other cleaning service providers? When you combine higher standards, smarter strategies and superior quality all in one package, the result is top notch.

A %d blogueros les gusta esto: