El peligro de un acreedor “armado” con la Ley Concursal

25-01-2012 - IURE Abogados


Ante una situación de insolvencia , no debemos quedarnos de brazos cruzados, sino que por el contrario, debemos llevar a cabo las acciones necesarias para salir de esa insolvencia o, en el caso en que esto devenga imposible, apresurarnos a solicitar nuestro propio Concurso Voluntario, siempre adelantándonos a que cualquier acreedor nos inste el concurso necesario, con las consecuencias de futuro que ello tendría.

Esta recomendación viene al caso un procedimiento concursal más que conocido: me estoy refiriendo al caso Nozar, mercantil en situación de insolvencia que no prestó la atención debida a sus acreedores, sin percatarse de que los mismos no eran tan inofensivos y que, tras una ardua lucha, uno de ellos, una vez ya declarado y en tramitación el concurso voluntario de Nozar, ha conseguido que se transforme tal concurso voluntario en concurso necesario, debiéndose adoptar todas las medidas precisas para adaptar dicho procedimiento primitivamente voluntario a un procedimiento necesario, con las consecuencias que ello conlleva.

En este supuesto, y sin entrar desde una perspectiva jurídica en cuestiones procesales ni de fondo del asunto, uno de los acreedores impagados solicitó la declaración de concurso necesario de Nozar, solicitud que fue desestimada por el Juzgado de lo Mercantil, al entender que la deudora no se encontraba en una situación de insolvencia, decisión que este acreedor recurrió ante la Audiencia por no estar conforme con la misma. Posteriormente, la propia mercantil Nozar solicitó su declaración de concurso voluntario, que fue admitida por el propio Juzgado.

Una vez en tramitación el concurso voluntario de Nozar, es cuando la Audiencia se pronuncia acerca del recurso interpuesto por este primer acreedor que instó el concurso necesario , estimando el recurso interpuesto y procediendo con ello a la declaración de concurso necesario de Nozar. Con esta decisión, la Audiencia exige al Juzgado conocedor del concurso voluntario que proceda a adoptar las medidas precisas para adaptar el procedimiento en tramitación a un concurso necesario, con efectos desde el momento en que dicho acreedor solicitó su declaración.

Lo ocurrido en este supuesto se trata de una particular situación, por la que una vez en tramitación un concurso de acreedores solicitado por el propio deudor, se retrotraen determinadas actuaciones de las ya realizadas para comenzar de nuevo, pero esta vez bajo la naturaleza de un concurso necesario, con las consecuencias que de ello se derivan.

Entre esas consecuencias derivadas de la modificación de la naturaleza del concurso y centrándonos en la afirmación que da título al artículo, es de relevante mención el hecho de que uno de los efectos del pronunciamiento como necesario del concurso es que, habiendo entendido la Audiencia que, a la fecha de la solicitud instada por el acreedor, Nozar se encontraba en situación de insolvencia, la misma debería haber solicitado anteriormente a esa fecha su solicitud de concurso voluntario ya que debía de conocer el referido estado de insolvencia en que se encontraba. Ello se traduce en que, según la propia Ley concursal, al haber incumplido el deber de solicitar la declaración de concurso dentro de los plazos legales establecidos, la concursada Nozar ya incurre en una de las presunciones objetivas de la existencia de dolo o culpa grave de cara a la calificación culpable del concurso. Sin olvidar tampoco que, en caso de que finalmente se abra la fase de liquidación, sus administradores societarios podrán ser declarados responsables personal y subsidiariamente de las deudas concursales, responsabilidad consistente en pagar a los acreedores concursales, total o parcialmente, el importe que de sus créditos no perciban en la liquidación de la masa activa.

Para terminar, me gustaría que, leyendo este artículo, cualquier gerente de empresa o administrador societario que sea consciente de su situación de insolvencia haya sacado una conclusión y pensado en los posibles perjuicios que le puede ocasionar en un futuro su inacción. Si realmente son conocedores de que la empresa está en situación de insolvencia, no demoren la solicitud, ya que el concurso no es una opción, es una obligación y puede ocurrir que alguno de sus acreedores lo inste previamente, con carácter necesario, con las consecuencias negativas que de ello se derivan.

En conclusión, no se puede menospreciar el daño que en estas situaciones pueden ocasionar los acreedores que, armados con la Ley Concursal, se adelanten a la decisión de la deudora.

Más artículos de IURE Abogados