Preinsolvencia inminente como coyuntura económica

13-10-2010 - IURE Abogados


En el contexto actual de la economía, en el cual todos los sectores están sufriendo una caída en sus previsiones de negocio, es necesario plantear una visión de futuro de las sociedades mercantiles desde una óptica preventiva, esto es, plantear diferentes medidas para los diferentes distintos escenarios, toda vez que la liquidez del mercado es, cuanto menos, escasa.

Puestos en contexto, conviene citar los posibles escenarios comunes para las mercantiles que operen en los diferentes sectores de la economía: situación de preinsolvencia inminente, situación de insolvencia inminente, y situación de insolvencia actual.

Comenzando por la más dramática de las situaciones, en términos de pérdida del tejido empresarial, procedo a citar algunas notas propias de cada supuesto.

En el escenario de insolvencia actual se encuentran aquellas mercantiles cuyos impagos se han materializado de una forma generalizada, es decir, el mantenimiento de su actividad supone acudir a actos extraordinarios con un coste de oportunidad demasiado elevado.

Ese coste de oportunidad pasa por decidir con qué proveedores se pretende continuar trabajando, los cuales necesariamente serán los que permitan en el corto plazo la generación de liquidez para la empresa en situación de crisis, medida plausible, si no fuera porque nos hemos olvidado de una serie de acreedores que, antes o después, emprenderán actuaciones más que legítimas para el cobro de sus créditos.

Ante tal situación, es común que la empresa en crisis acuda al juzgado solicitando el amparo previsto en el Art. 5.3 de la Ley Concursal, si bien con todos los elementos en contra, pues la negociación con los proveedores se realizará en un contexto de tensión en el que la confianza en la empresa en crisis se ha perdido con motivo de la falta de previsión por parte de la empresa deudora.

Un entorno más favorable es el que se da en una situación de insolvencia inminente , esto es, la posibilidad de atender los pagos corrientes propios de la mercantil se avista difícil, sin que todavía se hayan materializado éstos. Dichas dificultades futuras respecto de la atención de los pagos pueden venir condicionadas, bien por el contexto propio del sector (ejemplo de ello sería la constructora cuya promotora ha sido declarada en concurso) o por la situación global que afecta en idénticos términos a todos los sectores, es decir, la falta de confianza del sector financiero en las empresas.

En este el supuesto de insolvencia inminente, la posibilidad de obtener del juzgado el amparo previsto en el Art. 5.3 de la Ley Concursal no es posible (pues únicamente se prevé para situaciones de insolvencia actual), no obstante, tampoco es necesario, puesto que los acreedores todavía no se encontrarán, al menos con carácter general, afectados por impagos de la empresa en crisis, por lo que es posible alcanzar acuerdos con éstos en un entorno más relajado y con mejores expectativas.

Finalmente, existe lo que denomino la situación de preinsolvencia inminente , que tiene lugar en supuestos muy semejantes al anterior, pero con un matiz, cual es que disponemos de un plan de viabilidad que nos permita ejecutar la actividad de la mercantil aun en un entorno adverso. Es decir, esta situación de preinsolvencia inminente requiere la elaboración de un plan de viabilidad a fin de que sepamos cuál es el tamaño del corsé que puede oprimir a la empresa, llegado el entorno más adverso, y de antemano conocer los términos en los que se puede asumir cierta incertidumbre en cuanto a actos de negocio.

Este plan de viabilidad es exactamente el que se ha previsto en la Disposición Adicional Cuarta de la Ley Concursal en materia de acuerdos de refinanciación , de manera que en la negociación con proveedores, entidades bancarias y otros, se les podrá presentar un marco de permanencia de la empresa en el mercado, aun en un entorno difícil e, igualmente, llegado el caso, quedarían protegidas las operaciones de refinanciación que pudieran tener lugar con motivo de hacer frente a la crisis empresarial.

Como conclusión, con estas reflexiones quiero poner de manifiesto que el mercado no sanciona per se a las empresas en situación de crisis, ni siquiera aunque hayan generado impagos, sino a las empresas poco previsoras, que no han sabido llevar a cabo políticas preventivas adecuadas a la crisis y que asumen riesgos no cuantificados, de manera que finalmente y sin margen negociador imponen a sus acreedores las consecuencias de su gestión sin intervención de voluntad.

En opinión del que suscribe, es recomendable, en la situación actual, que la carta de presentación de cualquier sociedad que se vea amenazada por el entorno económico sea la de un plan de viabilidad para el corto y medio plazo, cuya virtud será, además, la de proteger los acuerdos de refinanciación, llegado el caso de una situación de concurso, con la tranquilidad que esto conlleva para los acreedores que han refinanciado a la empresa.


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